
Sentí rabia, sentí tristeza, pero por sobretodo sentí celos. Esos celos malditos me invadieron, se propagaron por mi persona como el frío que también sentí.
Por qué? no voy a entrar en detalles, pero todo ese cúmulo de sensaciones incómodas no fueron suficientes para arruinarme del todo la noche.
Por momentos olvidé que estabas ahí, o que aveces ya no estabas, no quisé pensarlo...quería evadir la realidad. No me pregunté con quien estabas ( aunque ya lo sabía) ni que hacías, porque más me dolía, más quería explotar.
Empezé a interesarme en los demás, a sonreir como si fuera la primera vez que los veía, a pensar en mí, en que también quería pasarla bien, no sólo estar cerca de él.
Así pasó la noche, entre mis dotes de cocinera y dueña de casa, entre llamados telefónicos y la música baja...así pasó la noche cerca del mar.
El mar...lo mejor después de mucho tiempo...el mar y su sonido, el mar y su fragancia... ese poco de mar vino a adormecer mi espíritu y a entregar la tranquilidad de la resignación y la pérdida.

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